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Un vistazo a los estantes de los retailers de belleza como Sephora o Target revela una guerra silenciosa: la batalla por ser «verde». Ahí están, esos productos con etiquetas de «limpieza», «sostenibilidad» y «reciclaje». Pero ¿son realmente lo que parecen?
En realidad, la crisis climática ha llevado a muchas personas a cambiar sus patrones de consumo, incluida la industria de la belleza, que mueve más de 500 mil millones de dólares anuales. Según un estudio global de 2021 de la consultora Simon Kucher, el 60% de los consumidores considera la sostenibilidad como un criterio importante al momento de comprar, y un 35% está dispuesto a pagar más por productos o servicios sostenibles.
Pero el problema es que, a pesar de los esfuerzos de muchas marcas por establecer objetivos ambientales, como alejarse de los plásticos de un solo uso y ofrecer envases reciclables, hay un vacío en la transparencia y la regulación. La British Beauty Council señala que estos intentos de «limpieza» han sido inconsistentes y no han tenido un impacto reconocible, especialmente en ausencia de metas colectivas y estrategias globales.
La verdad es que, en el mundo de la belleza, no hay un estándar internacional sobre cuánta información de ingredientes deben compartir las marcas con sus clientes. Cada empresa puede establecer sus propias reglas, lo que da lugar a confusiones y a prácticas de «greenwashing». Es decir, hacer afirmaciones de sostenibilidad que no están bien sustentadas.
Se habla mucho de «belleza limpia», pero es un término peligroso, algo así como un truco de marketing. Millie Kendall, CEO de la British Beauty Council, lo describe como un recurso utilizado para vender más productos. Los consumidores necesitan más y mejor información sobre certificaciones y prácticas reales.
Bueno… Jen Lee, de Beautycounter, reconoce que hay confusión entre los consumidores sobre los ingredientes. La empresa lanzó una lista de más de 2,800 químicos que no usarán en sus productos, incluyendo metales pesados, parabenos y formol. Es una medida importante, pero también subraya lo complicado del tema: no todo lo natural es seguro, y los ingredientes formulados en la industria pueden llevar consigo toxinas.
Pero ¿y el envase? El uso de plásticos es una de las principales preocupaciones. El 95% de los envases de productos de belleza se descartan y la mayoría no se recicla. La industria de la belleza es el cuarto mayor consumidor de envases de plástico a nivel mundial, después de alimentos y bebidas, empaques industriales y productos farmacéuticos. En 2021, L’Oréal utilizó 144,430 toneladas métricas de plástico en sus empaques, y Estée Lauder Companies reportó 71,600 toneladas métricas.
El problema es que, aunque muchas marcas intentan adoptar plásticos reciclados de posconsumo (PCR), no es una tarea sencilla. Sander DeFruyt, de la Fundación Ellen MacArthur, destaca que el suministro de PCR es limitado y su demanda está creciendo en varios sectores. Además, es más caro que el plástico virgen.
Susanne Kaufmann, fundadora de una marca de belleza en Austria, explica que el plástico reciclable de sus productos se ve afectado por las inconsistentes leyes de reciclaje en diferentes países. Sus empaques, que son 75% reciclados y 100% reciclables, pueden no ser tan eficaces si terminan en un país sin separación de residuos adecuada.
Las tiendas de belleza como Sephora y Target han implementado programas de sostenibilidad, pero aún queda mucho por hacer. La iniciativa «Clean + Planet Positive» de Sephora etiqueta productos que cumplen ciertos criterios, pero su programa «Clean at Sephora» enfrenta una demanda de consumidores que alegan que contiene productos perjudiciales. Target, por su parte, lanzó un programa similar en 2022.
La fragmentación en el mercado de la belleza se refleja en la falta de estándares uniformes. En Europa, la Agencia de Químicos prohíbe 2,495 sustancias en productos cosméticos, mientras que la FDA en Estados Unidos solo prohíbe 11. Esto dificulta que los consumidores estadounidenses encuentren opciones más seguras y verdes.
En el fondo, las regulaciones gubernamentales y las normas globales serían cruciales para verdaderos cambios en la industria de la belleza. Sin embargo, Mia Davis, de Credo Beauty, cree que el liderazgo del sector privado es esencial. «Regulaciones pueden establecer un mínimo, pero el mercado es clave», dijo.
En este escenario, la iniciativa de marca y consumidor se vuelve vital. Sin un marco legal firme, la responsabilidad recae en la-transparente y veraz comunicación de las empresas y en la vigilancia y demanda constante de los consumidores. ¿Será suficiente?
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