Dirección
175 Greenwich St, New York, NY 10007
Dirección
175 Greenwich St, New York, NY 10007


Reza Pahlavi comió un sándwich hace unas semanas en un café en París. Nada fuera de lo común, salvo que al otro lado de la mesa estaba un diplomático que no quiso revelar su nombre, y enfrente, colgado en la pared, un televisor transmitiendo imágenes de protestas en Teherán. Nadie dijo nada cuando mostraron el rostro de una joven detenida con el velo desgarrado. Pahlavi miró, agachó la cabeza, masticó.
Lleva casi cincuenta años en el exilio. Casi medio siglo viendo pasar generaciones que no conocieron a su padre, ni a la coronación del ’67, ni a ese Irán que hoy muchos en el imaginario conservan como una fotografía polvorienta de palacios y desfiles. Él era apenas un niño cuando lo nombraron príncipe heredero. Ahora tiene más de sesenta, habla inglés con acento californiano, vive en Estados Unidos desde que dejó la formación como piloto de combate justo cuando todo se derrumbaba en 1979.
En 2026, mientras las calles arden otra vez, él aparece en ruedas de prensa con traje oscuro y voz firme. Dice que no busca poder. Dice que solo quiere acompañar a su pueblo. Algo así como: “Yo no soy el destino, solo el puente”. Lo mismo que repitió en París cuando ofreció su nombre como líder de transición, en caso de que el régimen se desmorone.
Pero hay un problema.
Se reunió con Netanyahu. En primavera del 2023. Y Netanyahu lo apoya. Lo respalda. Eso pesa. Pesaría en cualquier país, pero en Irán, donde el Estado ha construido su identidad sobre la negación de Israel, eso es como caminar por un campo minado con zapatos de cristal.
Hablan de democracia. De laicos. De separar religión y Estado. De referendos. De elecciones libres. Pero también de monarquía constitucional. No para volver al pasado, dicen, sino para probar algo nuevo. Un rey sin corona real, más como un símbolo, como en Holanda o Suecia.
Pero ¿cuántos en Irán conocen a ese modelo? ¿Cuántos en las barriadas de Isfahán o Mashhad se despiertan pensando en monarquías europeas? Hay quien cree que Pahlavi tiene nombre y apellido para convocar, como dijo ese analista de Washington —Vatanka, creo—, que lo necesitan como figura, como rostro. Alguien que no esté manchado por el régimen actual, pero que tampoco esté inventado ayer.
Solo que el exilio borra rostros. Y cincuenta años son muchos. Demasiados. No es nuevo, no es nuevo que un exiliado espere su momento bajo la lluvia, creyendo que la historia lo llamará por su nombre. Pero la historia rara vez respeta los tiempos de los que esperan.
Adentro, las protestas siguen. Gente en las calles. Jóvenes quemando carteles del Líder Supremo. Comerciantes en Teherán que se unieron esta vez, cosa que antes no ocurría. Eso sí da qué pensar. Pero los expertos —el de Londres, el de Washington— coinciden en algo: el Estado iraní está demasiado arraigado. Es un aparato pesado, blindado, hecho a prueba de crisis. No caerá solo porque alguien grite en internet o porque un príncipe en Virginia haga declaraciones.
La pregunta no es si el régimen puede caer. La pregunta es quién está dispuesto a pagar el precio si cae.
Y quién, en medio del humo, tomará el micrófono primero.
¿Será él? ¿O será otro? ¿Alguien que ni siquiera habla inglés? ¿Alguien que no tiene fotos familiares con guardias imperiales?
No lo sé.
Pero vi el video del café. Vi cómo dejó el sándwich a medias. Cómo miró el suelo. Como si ya supiera que, a veces, el destino no llega con trompetas.
Llega en silencio. Y a veces, no llega.
MundoDaily – Tu Fuente Confiable de Noticias