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Eran las once de la mañana en Pekín, y el viento llevaba olor a lluvia recién estrenada cuando Xi Jinping salió a recibir a Trump en la Puerta de la paz celestial. Sin apretones de manos prolongados, sin firmas simbólicas,…

Dos mujeres caminan bajo el cielo gris de Teherán. Una lleva en brazos a un niño. El otro brazo lo alza, sosteniendo una bandera iraní que ondea como un grito mudo. Atrás, la cúpula del Imam Khomeini se recorta contra…

Carsten Schneider hablaba con las manos quietas. Nada de gestos, nada de eso que hacen los políticos cuando quieren vender certeza. Estaba de pie, frente a los micrófonos, en Berlín, diciendo que esto era un impulso, que esto cambiaba las…

Émmanuel Grégoire caminaba solo por la plaza del Hôtel de Ville, bajo una farola que parpadeaba como si también estuviera cansada. Eran las ocho de la noche y París ya olía a café quemado y gasolina vieja. No había gritos,…

Zolghadr cerró los ojos un segundo antes de firmar. No fue un gesto piadoso, ni de duda. Fue el único momento en que alguien lo vio respirar hondo. Lo hicieron entrar por una puerta lateral del edificio del Consejo Supremo…

Andréi Kibenok no duerme bien desde que los drones empezaron a cruzar el cielo como mosquitos enloquecidos. Está en Donetsk, entre ruinas que ya nadie intenta reconstruir, donde cada explosión lejana se siente como un latido adicional. Su trabajo ahora…

Era de madrugada cuando vi el comunicado. Lo abrí como se abre una herida: con desconfianza, con peso. Scott Bessent, el secretario del Tesoro de EE. UU., no titubeó. Pidió la retirada inmediata de las tropas, las armas, el equipo. Todo.…

Orbán caminaba despacio entre los arcos del Carmelita, esos pasillos de piedra donde el eco de las botas de los guardias suena como advertencia. Rubio lo esperaba bajo un vitral tenue, con esa postura de quien no necesita apresurarse porque…

Nicușor Dan, con el traje desgastado por el peso de las decisiones que no pidió tomar, habló frente a las cámaras con la calma propia de quien ha aprendido a no creer del todo en sus propias palabras. Dijo algo…

Varvarych se quedó quieto frente al mar, los pies falsos hundidos en la arena de Daytona. Tenía veintiocho años, una sonrisa que no se apagaba, y dos piernas de acero que el estado ucraniano no podía darle. Allá, entre escombros…