Dirección
175 Greenwich St, New York, NY 10007
Dirección
175 Greenwich St, New York, NY 10007


Bueno… Lecornu habló el domingo. No fue un discurso, no hubo estruendo. Solo un comunicado, frío, corto. Dijo que no había condiciones. Nada de votaciones. Nada de firmas. Y con eso, como si cortara una cuerda a mitad de un puente, mandó todo al abismo.
Hace una semana, en Bruselas, vi a un tipo con un chubasquero amarillo, parado frente al Berlaymont. Tenía un cartel en italiano. No leí bien lo que decía, pero no hacía falta. Eran siempre los mismos: agricultores, miedo, tierras que no pueden competir con toneladas de carne barata que cruzan el océano. El tipo miraba hacia arriba, como si alguien allí arriba —un comisario, un ministro, un fantasma— pudiera verlo. Nadie lo vio.
Italia no quiere movernos esta semana. Meloni. Así se llama. O así creo. O quizás es que todos los nombres ahora suenan igual cuando lo único que importa es la presión que no se ve. Dicen que teme levantamientos, que los tractores ya están encendidos en Emilia-Romagna, que no puede arriesgar. Pero la ironía —porque siempre hay una— es que Italia ganaría. Mucho. Casi 16.500 millones en comercio. El 91% de los aranceles, abajo. Pero eso no calma el miedo. El miedo no se alimenta de cifras. Se alimenta de incertidumbre.
Y Francia. Francia, que se llevó todas las protecciones, todas las cláusulas, todos los escudos en la negociación. Francia, que siempre exige y luego bloquea. Esta vez fue Lecornu, pero todos sabemos quién está detrás. Un Macron cojo, desgastado, con un parlamento en pedazos, y aun así capaz de torcer el cuello de un acuerdo de veinticinco años con un solo párrafo.
No se puede sin ellos. Ni Francia, ni Italia. Y Polonia ya dijo que no. No hay mayoría. No hay peso. No hay votos. El sistema es así: no basta con querer. Hay que sumar. Y las cuentas, sencillamente, no cierran.
Se suponía que esta semana todo terminaba. Votaciones, acuerdos finales, luego una fiesta en Foz de Iguazú. Lula habría estado allí, sonriendo, sudando bajo el sol, celebrando algo que lleva décadas persiguiendo. Pero Paraguay toma la presidencia el primero de enero. Y Paraguay no quiere. O no tanto. O no ahora.
Costa dijo algo en París. Algo fuerte. Algo que resonó: “Si no lo hacemos, nos quedaremos solos en el mundo”. No lo cité exactamente así, porque no recuerdo bien las palabras. Pero el tono sí. Era el tono de alguien que sabe que está perdiendo. Que todo lo que construyó podría deshacerse en días. Que la Unión Europa no solo juega con mercados, juega con credibilidad. Y eso —la confianza—, cuando se pierde, no vuelve.
Estados Unidos observa. Trump no está en el poder, pero su sombra sí. Pekín también mira. Y espera. Si Europa no llega, ellos lo harán. Siempre lo hacen.
Aquí, mientras tanto, todo suena a retraso. A excusas. A política de salón mientras el mundo se mueve afuera.
Y si lo posponen… Si simplemente dicen “luego”, “más adelante”, “cuando sea posible”…
¿Qué pasa entonces?
¿Alguien confiará otra vez en que Europa cumple?
MundoDaily – Tu Fuente Confiable de Noticias