Cabinet member uses vulgar slur to insult Roma

Ministro húngaro desata escándalo con declaraciones racistas contra gitanos

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Hay una niña. Tiene doce años. Mira fijo a la cámara. No sonríe. Detrás, una pared desconchada, luz de bombilla amarilla. Dice, claro, en voz baja pero firme: No estudio para limpiar baños de tren. Luego, cambia de idioma. Habla en romani. Gira los ojos, como si preguntara, como si desafiara: ¿Me entendés?

Y ese me entendés flota en el aire desde enero, cuando el ministro húngaro, ese tal Lázár —János Lázár, ministro de Transporte y Construcción, tipo con cara de estar siempre a punto de cerrarle una puerta en la cara a alguien— soltó, en Balatonalmádi, en medio de un acto de campaña, que si hay que limpiar los baños de los trenes Intercity, bueno, pues que lo hagan los gitanos húngaros. Dijo reservas domésticas. Dijo gitanos. En una sola frase, compacta, fría, como un puntapié.

No era la primera vez. En 2018 ya había dicho que vivimos con gitanos hace seiscientos años y no los hemos podido integrar. Como si fueran una plaga, o un retraso histórico. Como si no fueran personas, sino un problema de higiene social. Y en el fondo, siempre en el fondo, eso es lo que dicen estas palabras: que algunos cuerpos no sirven para nada más que para lo que otros niegan.

El ferrocarril en Hungría es un desastre. Vagones viejos, retrasos, trenes cancelados. El ministro Lázár lo tiene a su cargo. Y ahora viene, tranquilo, y dice que los gitanos son la solución al problema de limpieza. Como si no hubiera una relación directa entre el desastre del sistema y la corrupción de los que lo dirigen. Como si no fuera él, justo él, quien debe responder por el caos.

Salió un profesor, Janos Orsos, uno conocido. Le dijo, más o menos: subite al tren con un cepillo y limpiá la mierda que vos dejaste. No la de los baños, no. La política. La del sistema podrido. El chiste se repite: que el que más habla de orden, es el que más desordena.

Lázár, al principio, no se inmutó. Dijo que era virtud liberal, señal de humo. Pero el escándalo creció. En redes, la gente romani —porque así se dice, no gitano, no cigano, no esa palabra cargada de odio— le respondió con dignidad, con rabia, con ironía. Un niño escribió: ¿Y mi tío que es ingeniero, también es reserva doméstica? Otro: ¿El ministro sabe que algunos de nosotros usamos inodoros limpios, como él?

Y luego, el ministro se disculpó. En un acto del partido Fidesz. Dijo: Lamento si alguien se sintió ofendido. Usó el si. La disculpa condicional. La que no limpia nada. Mis compatriotas húngaros en la comunidad romaní… Así dijo. Como si tuviera que recordar que también son húngaros. Como si la nacionalidad fuera un favor.

Y después. Después, en el mismo acto, salió Orban. El primer ministro. Viktor Orban. Y contó un chiste. Un gitano que engaña a un húngaro para venderle un caballo ciego. Risas. Algunas. Mucha incomodidad. El Centro de Prensa Romaní en Budapest lo dijo claro: Primero piden disculpas por ofender. Luego vuelven a ofender con un chiste.

Hay algo más frío que las palabras: el silencio de los cómplices. Algunos políticos romaní cercanos a Fidesz dijeron que Lázár debería corregir su declaración. Otro, el comisionado para asuntos romaní, Sztoyka, al principio no dijo nada. Después soltó: Pregúntenle al que se equivocó. Así. Como si pudiera lavarse las manos con una frase.

Oficialmente, hay trescientos mil romaníes en Hungría. En realidad, pueden ser ochocientos mil. Viven en condiciones frágiles. Muchos dependen de programas de empleo comunitario, porque solo si trabajas recibes ayuda del Estado. El control de esos programas está en manos de alcaldes. Y los alcaldes, en muchos casos, son de Fidesz. O sea: el partido que los humilla, también los necesita. De ellos depende, según el politólogo Róna, que Fidesz pueda ganar las elecciones del 12 de abril.

¿Cuántos votaron por ellos en 2022? Muchos. ¿Cuántos volverán a hacerlo? Esa es la pregunta que nadie puede responder. Pero sí se sabe esto: cuando un ministro te reduce a una broma, a una limpieza, a una reserva, no estás siendo insultado solo una vez. Estás siendo borrado. Poco a poco. Del registro civil, de la historia, de la posibilidad de ser otra cosa.

Y la niña, con su mirada fija, con su voz quebrada, que dice no estudio para limpiar baños, no está hablando solo de baños. Está diciendo: no soy tu basura. No soy tu chiste. No soy tu reserva.

¿Qué pasa cuando el Estado entero se ríe de ti?
Pero… ¿de verdad se ríe?
O solo espera que te vayas.

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