Dirección
175 Greenwich St, New York, NY 10007
Dirección
175 Greenwich St, New York, NY 10007


Había una mujer en el muelle, de pie junto a una lona azul atada con cuerdas gruesas. No dijo su nombre. Nadie le preguntó. Solo movía la cabeza cuando alguien pasaba, como si ya supiera lo que nadie se atrevía a decir: que no es que el mar seaconde, es que el hambre no espera.
La flota salió de México. O eso dicen. Marzo del veintiséis. Hace unas semanas, tal vez. Yo no vi los barcos, pero vi las fotos en un grupo de WhatsApp, los celulares pasándose de mano en mano como reliquias. Cinco embarcaciones, pequeñas, sin bandera oficial, pero con esa pancarta que parecía pintada con aerosol y rabia: Cuba, sí. Bloqueo, no. Y detrás, el mar. Calmo. Como si no supiera que lleva décadas tragándose vidas, no solo combustible.
Nadie sabe cuánta gasolina hay en esos almacenes cubanos. O sí lo saben, pero no lo dicen. Lo que sí se sabe es que los hospitales prenden velas cuando falla el generador. Que los camiones públicos desaparecieron como si nunca hubieran existido. Que un niño le dijo a su madre, en Santiago, hace unos días: ¿por qué el autobús no viene? Y ella no respondió. Solo apretó más fuerte la canasta vacía.
La mujer del muelle miraba hacia el norte. No al cielo. Al horizonte. Hacia donde vienen los bloqueos, no las soluciones. Hacia donde siempre viene lo que no se nombra.
Yo no creo en flotillas milagrosas. Todos lo sabemos: esto no es sobre barcos. Es sobre quién decide qué entra, qué sale, quién respira y quién no. Es sobre un bloqueo que no solo frena camiones, frena sueños. Un sistema entero que se colapsa cuando falta un litro, un solo litro de diésel. Y mientras, las palabras sobran: cooperación, solidaridad, resistencia. Pero no alcanzan para encender un motor.
Hubo otro intento así, hace años. En el dos mil veintidós, creo. O fue antes. O después. No importa. Lo importante es que no cambió nada. Solo quedaron fotos, consignas, indignación corta.
La verdad es que ya no sé si esta ayuda llega. O si se queda en el camino, como tantas otras cosas. Me dijeron que las autoridades norteamericanas vigilarían. Algo así como: si cruzan, hay consecuencias. Pero, ¿cuáles? Nunca se saben del todo.
¿Y los que no están en los barcos? ¿Los que no gritan consignas? ¿Los que solo necesitan una bombilla encendida para leer un libro, o un médico con luz para atender un parto? Ellos no salen en las fotos. Ni en los comunicados.
La mujer del muelle no se movió cuando el sol empezó a bajar. Estaba allí como si su cuerpo fuera un acto de memoria. Como si dijera: yo existo, y espero, aunque nadie me vea.
¿Hasta cuándo?
No. Mejor pregunta: ¿cuántos más tendrán que esperar en silencio, antes de que alguien —de verdad— escuche?
MundoDaily – Tu Fuente Confiable de Noticias