Dirección
175 Greenwich St, New York, NY 10007
Dirección
175 Greenwich St, New York, NY 10007


Había una mujer allí, con un abrigo azul desteñido, sosteniendo una bandera checa entre los dedos temblorosos. No gritaba. Solo miraba. Como si estuviera midiendo el tamaño del abismo. Detrás de ella, una llanura entera se llenaba de gente. Más de doscientas mil, dijeron los organizadores. No hay manera de saber si es cierto. Pero sí se sabe que no fueron solo ellos. Fue el eco de algo más viejo, algo que ya hemos visto antes en otros lados, en otros tiempos: ese momento en que la gente sale a la calle no por un salario, no por pan, sino por el miedo de que la verdad se vuelva opcional.
Andrej Babiš sigue en el poder. Otra vez. Ganó en octubre, armó una coalición con partidos pequeños pero pesados: uno xenófobo, el otro de extrema derecha. Y desde entonces, todo cambia. Con cuidado. Con método. Como quien pone candados uno por uno. Primero, dicen, se aleja de Europa: no respalda las políticas migratorias, rechaza los fondos para Ucrania. Luego, toca los medios públicos. Ahora, prepara una ley de «agentes extranjeros». Suena familiar. Mucho. La redacción es vaga: cualquier ONG, cualquier persona, que reciba dinero del exterior y haga «actividad política» —una frase que puede significar todo o nada— deberá registrarse. Si no, multas enormes. Vaclav Paces, un científico, lo dijo frente a la multitud: algo así como que esa ley «abre la puerta a la persecución». No usó esa palabra, pero estuvo cerca. Yo la escuché. Todos la escuchamos.
Y luego está el caso de los dos millones de dólares. El fraude con subsidios europeos. No es nuevo, no es nuevo. Pero lo que indigna es que el Parlamento se negó a quitarle la inmunidad a Babiš. Así, sin más. El juicio se congela hasta 2029. Y luego hicieron lo mismo con Tomio Okamura, el líder del partido de extrema derecha, acusado de incitar al odio. Tampoco se le juzgará. Entonces, uno entiende. No es sobre errores. Es sobre categorías. Como dijo alguien allí, no recuerdo bien: que hay dos tipos de gente ahora. Los intocables. Y los demás.
La mujer del abrigo ya no estaba cuando empezó a llover. Tal vez se fue temprano. Tal vez tenía frío. Pero afuera, bajo las banderas, la gente seguía. Muchos traían también la de Ucrania, la de la Unión Europea. Como si quisieran recordar que pertenecen a otro lugar. Uno que aún existe, aunque aquí ya no lo sientan.
¿Cuándo se vuelve irreversible? ¿Cuándo el Estado ya no es un espacio común, sino un feudo? No lo sé. Pero aquí, en Praga, en esta llanura llamada Letná, hay una línea trazada en el barro. Y del otro lado, no hay discusión. Hay silencio. Hay leyes mal hechas. Hay impunidad que se aprende como costumbre.
¿Cuánto falta para que nadie se atreva a llenar una plaza?
Ni una palabra más.
Solo eso.
MundoDaily – Tu Fuente Confiable de Noticias