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175 Greenwich St, New York, NY 10007
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Lisa Murkowski firmó la carta un miércoles cualquiera, tal vez con el invierno pegado al vidrio de su oficina, tal vez pensando en las víctimas que nunca van a recuperar lo que perdieron. No fue un gesto de heroína, no…

La pelota entró por el ángulo corto, sobre la línea de gol, después de que un muchacho de diecisiete años, nacido en París pero con sangre senegalesa por parte de padre, corriera tras un pase largo como si ya supiera…

Emanuel Wyler habla despacio, como si cada palabra pesara. Tiene esa manera de los que están acostumbrados a que los escuchen solo en laboratorios, no en la calle. Lo imaginé así, de pie en Berlín, frente a un equipo de…

El tipo iba con los ojos abiertos. No gritaba. Solo caminaba, mirando al frente, como si ya hubiera decidido que no iba a salir. Hay videos, no sé si todavía están, no quise buscarlos. Pero lo vi una vez. Un…

Azna, corazón roto del oeste. Un muchacho —no sé cómo se llama, creo que Farshid, o tal vez Farnaz, qué importa el nombre cuando ya no está— murió con una piedra en la mano y una bala en el pecho.…

Ella bebe agua del grifo. Como casi todos en Copenhague. Como muchos en Caracas, en Bogotá, en Ciudad de México. Agua que no se piensa, que se abre y cae, transparente. Nadie le pregunta al agua por su historia. Hasta…

La primera ciudad del mundo en ver el año nuevo tiene cinco mil almas, y no va a hacer nada. Nada que merezca ser grabado, al menos. Kiritimati —sí, así, con la k y sin s— es un puñado de…

Federico Pierucci encendió un cigarrillo hace unas semanas, allá en Roma, mientras revisaba los resultados por enésima vez. No fue el éxito lo que lo inquietó. Fue por qué había funcionado. Porque lo de los poemas no era un experimento…

Daphne cierra los ojos. Solo un segundo. Pero no es un parpadeo, es una retirada. Dice que cuando huele el Chanel No. 5, ya no está donde está. Dice que el mundo se desvanece, literalmente, en segundos. No recuerdo bien…

Estaba sentado frente a la ventana, con el reflejo de la luz amarilla de una farola temblando en el vidrio. No había música, no había tráfico. Solo eso: un hombre en Berlín, diciendo unas palabras que suenan a desahogo más…