Dirección
175 Greenwich St, New York, NY 10007
Dirección
175 Greenwich St, New York, NY 10007


Estaba sentado frente a la ventana, con el reflejo de la luz amarilla de una farola temblando en el vidrio. No había música, no había tráfico. Solo eso: un hombre en Berlín, diciendo unas palabras que suenan a desahogo más que a discurso. No sé si lo planeó así, pero elegir la Navidad para hablar no fue casual. Es cuando más se finge que todo está bien.
Merz. Friedrich Merz. Lleva apenas un año en el cargo y ya habla de paciencia como quien repite una oración. Dijo que hubo discusiones, que no todo salió como esperaban. Nada nuevo, nada nuevo. Pero hay algo en cómo lo dijo —bajo, serio, sin gestos— que suena a advertencia. Como si estuviera midiendo cada sílaba, no por diplomacia, sino por supervivencia.
Gobernar con los socialdemócratas. Imagínate eso. Derecha conservadora y centroizquierda atados por un acuerdo que nadie festejó. No fue una victoria clara, fue una rendición administrada. Y él lo sabe. No lo dijo, pero se notó: este no es el poder que soñó. Es el que pudo.
Y encima, Europa. Siempre Europa. Habló de paz, de seguridad, de prosperidad. Palabras grandes, huecas si no las llenas con acción. Pero repitió lo de Ucrania. Insistió. Como si necesitara convencerse a sí mismo de que todavía importa, de que todavía pueden hacer algo. ¿Lo pueden?
Hace unas semanas, un colega en Bruselas me dijo —no recuerdo bien, pero algo así como— que los correos internos del bloque hablan de agotamiento. Que ya no hay entusiasmo por la causa. Que el apoyo se mide ahora en milimetros, no en metros. Merz no mencionó eso, claro. Pero su tono… su tono lo decía todo.
¿Y nosotros? Qué tiene que ver esto con nosotros. Bueno, todo, en realidad. Cada decisión allá, cada titubeo, cada cheque que se aprueba o se retrasa, cambia el precio de un fertilizante, la llegada de un contenedor, el costo de un medicamento aquí. No lo ven. O no quieren verlo.
Todos lo sabemos: los que están arriba nunca pagan el precio. Los que sufren son los de abajo, los que no tienen nombre en los comunicados, los que ni saben quién es Merz, pero respiran el aire que deja su indecisión.
La pregunta es otra: ¿por cuánto tiempo más aguantan los pueblos esta farsa de que la política sirve para algo?
Aquí, en Caracas, en Bogotá, en cualquier barrio donde el agua llegue cada tres días y el pan se compre con dólares, suenan vacías esas palabras de paz, seguridad, prosperidad.
Y él, allá, con su traje oscuro, su voz tranquila, su mensaje navideño… cree que con un deseo todo mejora.
No mejora.
Silencio.
MundoDaily – Tu Fuente Confiable de Noticias