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Elon Musk no dijo nada nuevo. O sí. Depende de quién lo lea. Hace unos días —no recuerdo bien, a lo mejor el viernes, o fue el jueves en la tarde—, el logo de Twitter cambió. El pájaro, ese que…

Agadír. Enero, frío en la piel. Salah camina solo cerca del campo de entrenamiento, las zapatillas tocan la tierra seca, no mira a nadie, pero saluda con los ojos. Eso sí, lo hace. Como si confirmara: estoy aquí. El técnico…

Miami. Un ring montado como para circo, pero con sangre real. Anthony Joshua entró como quien regresa de un exilio sin declarar. Quince meses sin pelear, y encima, con todo esto: un tipo de YouTube, Netflix como promotor, y trescientos…

Estaba revisando un video en mi teléfono, a esta hora en que el silencio pesa más que el trabajo. Lo vi: un punto negro en el agua, apenas un resquicio de humo, y luego el impacto. Un zarpazo en medio…

Un hombre se quedó parado frente al humo, con una chaqueta medio quemada colgando del brazo. No gritó. No corrió. Solo miraba el techo del café, como si allí pudiera encontrar los pedazos de algo que ya no iba a…

Claudio Neves Valente apareció primero en una imagen granulada, caminando con una maleta negra, entrando al edificio Barus y Holley. Iba de negro. No corrió. No gritó. Solo abrió fuego mientras los estudiantes rendían su examen final. Dos murieron. Nueve…

La verdad es que cuando la noticia de la producción detenida del Ford F-150 Lightning llegó, sintió como una bofetada. Ford había puesto todas sus fichas en este vehículo, lo anunció como un hito en la transición hacia los vehículos…

La víspera de la cumbre, mientras Merz llegaba con su maletín y su mirada de banquero de guerra, Meloni se quedó atrás, charlando con Macron junto a una columna del Consejo. Nada protocolar, nada espontáneo. Solo unos segundos de silencio,…

Bueno… Lecornu habló el domingo. No fue un discurso, no hubo estruendo. Solo un comunicado, frío, corto. Dijo que no había condiciones. Nada de votaciones. Nada de firmas. Y con eso, como si cortara una cuerda a mitad de un…

Adama Sanogo, el niño de Malí que llegó a Connecticut con pies descalzos y sueños demasiado grandes para cualquier cancha, levantó la copa con las manos tembloronas, los ojos rojos, la voz quebrada. No dijo mucho. Solo un gracias, dos…