Dirección
175 Greenwich St, New York, NY 10007
Dirección
175 Greenwich St, New York, NY 10007


Harry Truman sostenía un periódico con una sonrisa ancha, casi burlona, mientras las letras gritaban un veredicto equivocado: Dewey vence a Truman. Hoy, otro error de cálculo no fue el de los votantes, sino el de quienes creían que todavía había tiempo para seguir midiendo al país con las mismas reglas.
Gallup lo dejó todo colgado. No fue un retiro lento, ni una despedida con comunicado lacónico. Fue un corte seco, como cuando se desconecta un monitor en mitad de una transmisión. Ciento ochenta y ocho años de tomarle el pulso al poder, y ahora, silencio. Dicen que fue por “revisión de misión”. Claro. Siempre es por eso cuando algo se derrumba sin que nadie grite.
Pero el índice no murió de viejo. Murió justo cuando más se necesitaba. Trump, otra vez él, cruza su segundo mandato como quien entra a una ciudad ocupada. No le gusta lo que miden. No le gusta cómo suenan los números. Cuando un sondeo le hizo quedar mal en Iowa, fue a juicio. No contra un rival, no contra un partido: contra una encuesta. Contra una mujer, Ann Selzer, que desde una redacción pequeña en el medio oeste dijo en voz alta lo que otros temían susurrar. Y él la demandó. Como si la verdad se pudiera enterrar con papel sellado.
Y ahora Gallup desaparece su termómetro justo cuando el paciente más arde.
No se trata de un mal trimestre, ni de ajustes económicos. Se trata de que, en algún momento, medir dejó de ser neutral. Hoy, decir que un presidente cae al 36% no es un dato: es una declaración de guerra. Y los que miden, aunque digan que no, terminan en la línea de fuego.
Recuerdo, hace años, un profesor de prensa en Caracas que decía: El dato no ofende, pero la verdad siempre duele a alguien. Eso es lo que pasa allá. No es que Gallup se haya rendido. Es que entendió que, en este nuevo clima, publicar es intervenir. Y si intervenir es ser blanco, mejor callar. Todos lo sabemos. Lo vemos desde aquí.
Hace poco, un colega me preguntó: “¿Y si ya no podemos ni saber lo que piensa la gente porque los que lo miden tienen miedo?” No supe qué decir. Me quedé mirando el café, frío, como ahora.
La historia no se repite. Solo cojea. Y se tropieza con los mismos cadáveres.
¿Qué pasa cuando ya nadie quiere decirnos cómo vamos?
No es nuevo, no es nuevo. Pero ahora duele distinto.
MundoDaily – Tu Fuente Confiable de Noticias