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En el Kremlin, Putin tomó el teléfono. El reloj marcaba las primeras horas de la tarde en Moscú. La conversación con Maduro era crucial. El presidente ruso no dudó en expresar su respaldo al líder venezolano en la defensa de los intereses y la soberanía de su país frente a la creciente presión externa. Pero, en realidad, las palabras eran solo eso: palabras. La solidaridad mencionada en el comunicado oficial del Kremlin no se traducía en ningún compromiso militar concreto.
Tras la reciente entrada en vigor del Tratado de Asociación y Cooperación Estratégica entre Rusia y Venezuela, esta llamada se presentaba como la primera entre ambos mandatarios desde los ataques de la Casa Blanca contra buques venezolanos. Los temas conversados abarcaron proyectos en comercio, energía, finanzas, cultura y-humanitaria. La esfera militar, sin embargo, fue silenciada en el diálogo.
El tratado, firmado en noviembre, es similar al que Rusia y Irán rubricaron en enero. Seis meses después, el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel a Teherán dejó a Rusia en una posición incómoda, observando sin intervenir. Las autoridades rusas insisten en que el acuerdo con Venezuela también promueve la cooperación técnico-militar, pero una fuente del Ministerio de Defensa desmiente esta posibilidad: “No hay dinero”.
El primer vicepresidente del Comité de Defensa de la Duma Estatal, Alexéi Zhuravlev, aseguró que Rusia había suministrado a Venezuela sistemas antiaéreos como los Pantsir-S1 y Buk-M2E. Estos mismos sistemas han mostrado resultados mixtos contra drones ucranios. Zhuravlev también mencionó la posibilidad de proporcionar a Venezuela el misil balístico Oreshnik, aunque su producción aún no cumple con los requerimientos rusos.
La situación es preocupante para el Kremlin, que ha instado a Washington a evitar una desestabilización en la región caribeña. La portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova, ha hecho un paralelismo entre la administración Trump y el presidente Theodore Roosevelt, recordando el Corolario de Roosevelt a la Doctrina Monroe, que otorgaba a Washington el derecho a intervenir en América Latina.
En respuesta, Moscú ofrece a Caracas más esperanza que armas. “Esperamos que la Casa Blanca evite un conflicto a gran escala que pueda tener consecuencias impredecibles en todo el hemisferio occidental”, señaló Zajárova. Las dos cámaras del Parlamento ruso han llamado a la comunidad internacional a condenar las acciones de Estados Unidos hacia Venezuela.
El mes pasado, Trump etiquetó a Maduro como “terrorista” y lo acusó de liderar el Cartel de Soles, una organización de narcotráfico cuya existencia no ha sido confirmada. El despliegue militar estadounidense en el Caribe, con más de 80 muertos, ha forzado el cierre casi total del espacio aéreo venezolano.
Pero, en el fondo, ¿qué realmente pueden hacer los aliados de Maduro? La pregunta flota en el aire, sin respuesta.
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