Dirección
175 Greenwich St, New York, NY 10007
Dirección
175 Greenwich St, New York, NY 10007


En una zanja cerca de Avdiivka, Oleksandr limpia el lente de sus binoculares con la manga del abrigo.
No es por la niebla.
Es por el polvo de lo que antes era una escuela.
—Dicen que estamos cansados —me dice, sin mirarme—.
Pero el cansancio no es lo mismo que la rendición.
Uno se cansa.
El otro… se va.
No es una estadística.
Es una rutina.
Lyman. Bakhmut. Avdiivka. Mariinka.
Nombres que ya no aparecen en los mapas turísticos.
Solo en los partes médicos.
En las listas de desaparecidos.
En las oraciones que se rezan en voz baja.
Cada ataque repelido deja algo atrás:
—Una bala gastada.
—Un casco agrietado.
—Un mensaje de voz no enviado.
“No contamos muertos. Contamos quién sigue respondiendo al radio”, dice un sanitario que pide no ser identificado.
—¿Y si nadie responde?
—Entonces… rezamos por el silencio.
Natalia vive en un sótano de Donetsk, bajo una panadería que ya no hornea.
El techo tiene grietas que siguen la forma de una antigua lámpara.
En la pared, una foto de su hija: 7 años, sonriente, con un conejo de peluche.
Perdió su apartamento el 12 de marzo.
No con una explosión.
Con una fuga.
Agua, gas, electricidad… todo se fue en tres días.
Como si la ciudad hubiera decidido, de golpe, dejar de respirar.
—¿Qué llevaste contigo?
—El conejo. Y el miedo de que ya no reconozca a su mamá cuando vuelva.
Ella no dice “cuando termine la guerra”.
Dice “cuando vuelva”.
Como si solo se hubiera ido de vacaciones.
El general Syrskyi habla de aliados. De determinación. De soberanía.
Pero en las trincheras, el apoyo tiene otro nombre:
—Un paquete de baterías para el dron.
—Una caja de analgésicos vencidos en 2023.
—Un mensaje de WhatsApp de un primo en Varsovia: “¿Necesitas algo?”
No es propaganda.
Es supervivencia.
Y en esa supervivencia, hay algo que los misiles no han podido destruir:
la costumbre de contar historias.
Porque mientras haya quien recuerde el nombre de la escuela, el olor del pan, el color del conejo…
la guerra no habrá ganado.
¿Cuántas veces tiene que repetirse una promesa para convertirse en fe?
Y ¿cuánta fe se necesita para esperar… cuando ya no sabes qué es lo que esperas?
MundoDaily – Tu Fuente Confiable de Noticias