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Reid Wiseman, ese tipo de mirada fija y hablar lento, el que estuvo 165 días en la Estación Espacial allá en 2014, va a estar al frente. Comandante. El que da las órdenes, el que se queda frío cuando todo tiembla. Lo anunciaron un lunes cualquiera, pero no fue un día cualquiera.
Yo vi la foto oficial. Cuatro cuerpos frente a una pared blanca, trajes azules, manos a los costados, como si nada. Pero sí era algo. Christina Koch, 44 años, ingeniera, seis caminatas espaciales a cuestas, y ese récord de 328 días en órbita —el más largo de una mujer—. Fue ella, creo, la que dijo que se quedó muda cuando les dieron la noticia. Que no lo esperaba, aunque sí lo esperaba. Como esos sueños que no nombras por miedo a que se rompan.
Y Glover. Victor Glover. No lo conocía tanto. De California, piloto naval, más de 3.000 horas de vuelo. No es un niño, tiene 46. Hace unos años estuvo seis meses en la Estación, llegó en una nave de SpaceX, la primera tripulada de verdad de esa compañía. Ahí se ganó un lugar. Me acuerdo de una entrevista, no sé cuál, donde dijo algo así como: “no es solo ir al espacio, es abrir el camino”. O al revés. No recuerdo bien, pero el sentido estaba claro.
Pero el que me impactó fue Hansen. Jeremy Hansen. Canadiense. El primero de su país en ir más allá de la órbita terrestre. No es un detalle menor. Canadá ha estado ahí, en la sombra, ayudando con brazos robóticos, con capacitación, con tecnologías clave. Pero nunca un astronauta suyo tan lejos. Y ahora sí.
Todo esto empieza —si todo sale bien— en noviembre de 2024. Aunque nadie confía del todo en esa fecha. Artemis II no aterriza en la luna. Solo la rodea. Diez días, ida y vuelta. Una prueba. Una ceremonia de paso. Como cuando los antiguos salían del puerto y volvían a saludar desde el horizonte antes de desaparecer.
La nave es Orion. El cohete, el SLS. Todo construido por NASA, todo de una escala descomunal. Despegarán desde Cabo Cañaveral, como siempre. Y al final, caída en el Pacífico. Un chapuzón controlado.
Detrás de esto, claro, está Artemis III. La que sí tocará suelo lunar. La que prometió NASA que llevará a la primera mujer, al primer hombre negro. No saben cuándo. Dicen 2025. El inspector general dice 2026, mínimo. Los trajes no están listos. El módulo de descenso, tampoco.
Wyche, la directora del centro Johnson, no quiso hablar del proceso de selección. Pero soltó una frase: “todavía tienen el right stuff”. Como en los viejos tiempos. Pero ahora no es solo el stuff de pilotos blancos y valientes. Ahora hay mujeres, hay negros, hay un canadiense.
Y eso, en el fondo, es lo que duele más: que nos haya tomado tanto tiempo.
Koch me dijo —bueno, no a mí, a un periodista de CNN— que les avisaron en una reunión con nombre opaco. Como si no fuera importante. Dos llegaron tarde.
Yo pensando en eso. En la tardanza. En cómo a veces las cosas más grandes empiezan con un trámite mal citado.
Pero ahora sí estamos cerca.
¿Y si no llegan?
…
No.
No.
No es una pregunta. Es un miedo.
Y ya conocemos esa historia.
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