Dirección
175 Greenwich St, New York, NY 10007
Dirección
175 Greenwich St, New York, NY 10007


Te lo digo con el café frío y la cabeza todavía en lo que vino de Teherán: hay alguien allá, en un apartamento oscuro, quizás en el cuarto piso de un edificio sin ascensor, que tiene un plato. No es de comida. Es un disco plano, del tamaño de una pantalla de computadora, apuntando al cielo. Y con eso —con ese pedazo de metal y circuito traído de contrabando, comprado en negro, movido de mano en mano como si fuera dinamita— se conecta al mundo.
El gobierno les cortó todo. Internet, redes, móviles. Un apagón completo. Como cuando aquí en Caracas se van las luces y solo queda el ruido de los generadores y el miedo. Pero allá no es solo oscuridad: es represión. Más de dos mil muertos, dicen activistas. NPR no lo confirma, pero tampoco lo desmiente. Y mientras tanto, el plato sigue ahí. Recibiendo señales de satélites que pasan por encima, invisibles, a ochenta kilómetros de altura.
Se llama Starlink. Una división de SpaceX, de Elon Musk. Y no, no es neutral. Nada lo es. Es tecnología, sí, pero también poder. Ahora mismo, hay unos cincuenta mil de esos platos en Irán. Entraron por contrabando. Cada uno vale miles de dólares, pero allá son monedas de vida. Se usan para mandar videos, fotos, gritos que no se pueden silenciar del todo.
Un tipo, Ahmad Ahmadian —no recuerdo bien el nombre de la ONG, algo así como Resiliencia Holística—, dijo que la mitad están activos. Y que ahora el servicio está gratis. SpaceX habría eliminado la suscripción. Nadie lo confirma oficialmente, pero él habló con gente dentro. “Estamos agradecidos”, dijo. Pero también dudó. Porque todo depende de un solo hombre. De un solo capricho en California.
Y eso duele. Porque en el fondo, ¿qué hemos aprendido? Que la libertad no viene en bandeja. Que cada vez que alguien en el Sur depende de una solución del Norte, estamos firmando un cheque en blanco. Musk decidió ayudar en Ucrania. Decidió hablar con Trump —el mismo Trump cuyo gobierno ahora dice que las ejecuciones en Irán se están deteniendo. Coincidencia. O no.
Pero el gobierno iraní no se queda quieto. Criminalizó el uso de Starlink. Amenaza con pena de muerte a quienes lo usen, si tienen vínculos con Israel. Los buscan casa por casa. Intentan bloquear la señal. Pero no pueden con todo. “Parece que es barrio por barrio”, me dijo alguien, no sé si fue Rashidi, no estoy seguro. Pero repitió una frase que no olvido: “gracias a Dios, no tienen la tecnología para parar un Starlink”.
¿Y si un día sí la tienen?
Aquí, mientras escribo, pienso en los muchachos que en 2019 trataron de organizar una protesta con móviles y Wi-Fi de vecindad. Los cogieron en horas. No tenían plato. No tenían cielo.
No es nuevo, no es nuevo.
MundoDaily – Tu Fuente Confiable de Noticias